EDITORIAL

¿Cuanta veces los emprendedores nos “arrimamos al precipicio” y no nos animamos a saltar?.
Seguramente alguna vez te pasó. Tenemos ganas, buscamos información, pero algo nos da miedo, incertidumbre… como si miráramos para abajo en un precipicio y  esa sensación de vacío, de terror nos invade y damos un paso hacia atrás… y aparecen la excusas: ¡No es el momento! ¡Ahora no! ¡Estamos en crisis! ¡Voy a esperar a que la situación mejore!... y pasan los días, las semanas, los años, LA VIDA!!!!!

“Acercaos al abismo, les dijo. Tenemos miedo, respondieron.
Acercaos al abismo, les dijo. Se acercaron.
Él los empujó… y salieron volando”
(Apollinaire)

Si nos animamos a saltar, a dar ese paso. ¿Qué puede pasar?

  • ¿Que te golpees contra la roca dura? Aprenderás que debes mejorar tu técnica, informarte, capacitarte, armar redes antes de volver a saltar.
  • ¿Que aterrices en la tierra pero que no hayas disfruta el recorrido? Te darás cuenta que no tuviste en cuenta el paisaje, tu entorno, que ese lugar elegido para saltar no era el lugar ideal, no era el lugar soñadoz
  • ¿Que disfrutes el recorrido pero al llegar a tierra firme no encuentres el lugar para aterrizar? Quizás te faltó alguna etapa del plan de negocios sobre “necesidad del cliente, segmentos de mercadoz
  • ¿Que despliegues tus alas y puedas volar, girar, disfrutar el trayecto, y aterrizar en el lugar  programado?

“No creas lo que tus ojos te dicen. Sólo muestran limitaciones.
 Mira con tu entendimiento, descubre lo que ya sabes, y hallaras la manera de volar”  (Richard Bach)

Comenzá por arrimarte al precipicio, mirá, quedate horas observando el paisaje, gritá, escuchá tu voz, y si te da el vértigo que a todos los emprendedores nos dio la primera vez… pedí ayuda.  Pedí prestado un paracaídas, hacé un canje con un instructor de salto, decile a otro que salte con vos pero no te quedes eternamente mirando el precipicio….. ANIMATE Y VOLÁ

 

Escribime y contame  como es ó  fue tu precipicio

Escribime y contame como es tu camino
Elba Torrado – CEO de SHCAA
elba@sehacecaminoaladar.com.ar


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PERLAS PARA EMPRENDEDORES

LA CLAVE:

QUE NO TE DETENGAN
Por David Montalvo

Dime si no has escuchado frases como:
"No te vayas tan lejos", "Primero piensa en algo pequeño",  "No puedes con tal cosa, mucho menos vas a poder con lo otro",  "Déjate de tonterías y haz lo de siempre".  Esas ideas son con las que nos han bombardeado, para invitarnos a recorrer el camino cómodo, fácil y tradicional. Son precisamente esas excusas "perfectas" que nos hemos querido contar, por miedo al éxito o a una vida mejor, y que son el estandarte de los mediocres, de los que te dicen "Estaría bien.. pero eso déjaselo a otros".
De la gente que ha deseado, pero nunca ha intentado o se ha vencido con el primer intento. Son esas palabras,  las que se han grabado en nuestra mente,  y que si no somos capaces de reconocerlas,  pueden llegar a matar nuestros sueños. No dejemos que nos tapen, nos limiten o nos impidan pensar en grande, más allá de lo típico. Nadie te puede detener, si tu no le das el permiso  para hacerlo. Los límites están en la mente. Cada quien tiene la oportunidad de decidir hasta  dónde quiere llegar. Hay que pagar el precio de ir más allá. Tarde que temprano, llega una extraordinaria recompensa.
Pero sólo los que intentan, la pueden disfrutar.

SEGUIR, SEGUIR Y SEGUIR
Por David Montalvo

“No pueden quebrar mi voluntad, no pueden detener a un huracán. Siempre estaré allí.”  (Patch Adams).

Hay una diferencia muy simple, entre las personas exitosas, y las que observan cómo los demás triunfan.
 Todo radica en quien decide seguir. Seguir va más allá de tener una idea. Seguir es precisamente empezar la carrera y no dejarla a medio camino. Se vale cansarse, se vale tomar un poco de agua e inclusive detenerse un poco para respirar
 y agarrar fuerza. Lo que hace la diferencia es continuar a pesar de los obstáculos, seguir corriendo aunque los demás opinen lo contrario. Si tienes un sueño y realmente te apasiona, no te detengas. Sigue, sigue y sigue. La recompensa llegará, tarde que temprano.

 

Creciendo un poco cada día

Imposible atravesar la vida... sin que un trabajo salga
 mal hecho, sin que una amistad cause decepción,
 sin padecer algún quebranto de salud,
sin que nadie de la familia fallezca,
sin que un amor nos abandone...
 sin equivocarse en un negocio.

Ese es el costo de vivir.

Sin embargo, lo importante no es lo que suceda, sino como reaccionamos nosotros...
 Si te pones a coleccionar heridas
 eternamente sangrantes, vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.

Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe.

Uno crece al aceptar la realidad y al tener el aplomo de vivirla.
Crece cuando acepta su destino, y tiene voluntad de trabajar para cambiarlo. Uno crece asimilando y aprendiendo de lo que deja detrás...
construyendo y proyectando lo que tiene  por delante.

Crece cuando se supera, se valora, y da frutos. Cuando abre camino dejando huellas, asimilando experiencias...
¡Y siembra raíces!

Uno crece cuando se impone metas, sin importarle comentarios negativos, ni prejuicios, cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes... cuando se es fuerte por carácter, sostenido por formación, sensible por temperamento... ¡Y humano por nacimiento!..

Cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas, recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante el polvo.

Uno crece  ayudando a sus semejantes, conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe....
Uno crece cuando se planta para no retroceder...
cuando se defiende como águila para no dejar de volar...

Cuando se clava como ancla en el mar
 y se ilumina como estrella. Entonces...  Uno Crece.

 



REFLEXION

Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas, y de las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias.
Llegando al lugar ambos constataron la pobreza del sitio, los habitantes eran una pareja y tres hijos, tenían una humilde casa de madera y estaban vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado. Entonces se aproximó el Maestro al padre de la familia y le preguntó:
- "En este lugar no existen posibilidades de trabajo, ni mercados para comercializar tampoco. ¿Cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?"
El señor calmadamente respondió:
- "Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina, y con la otra producimos queso, cuajada, etc. para nuestro consumo, y así es como vamos sobreviviendo."
El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En el medio del camino volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó: - "Busca la vaquita, llévatela al precipicio y empújala al barranco."
El joven espantado vio al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Más como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir... Aquella escena quedó grabada en la memoria del joven durante años y nunca pudo sacarse un terrible cargo de conciencia por el crimen cometido a instancias de su Maestro. Tanto impactó esto en su espíritu que abandonó al maestro y prosiguió solo su camino.
Años después, el joven aprendiz debía pasar cerca de la casa y tomó la decisión de regresar al lugar, contarle todo a la familia, obtener su perdón y, de ser ello posible, reparar el daño causado. Así lo hizo, a medida que se aproximaba al lugar vio todo muy bonito, con árboles floridos, una huerta arreglada, una bella casa, niños saludables y adecuadamente vestidos y calzados. El joven se sintió más triste y desesperado aún imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró su paso y al llegar a la casa fue recibido por un hombre muy agradable y tranquilo. El joven preguntó por la familia que vivió allí unos cuantos años atrás, pero el hombre le respondió que ellos vivían allí de toda la vida. Sorprendido, el joven revisó los rostros y descubrió que, efectivamente, se trataba de la misma familia y sólo atinó a preguntar: - "Yo pasé años atrás y éste era un lugar pobre...¿cómo logró esta prosperidad?"
Y el hombre entusiasmado contestó:
- "Mire joven...años atrás nosotros teníamos una vaquita, pero no sabemos cómo, se cayó a un precipicio y murió. Al principio creíamos que sería nuestra ruina, sin embargo, obligados por las circunstancias debimos desarrollar otras habilidades y esfuerzos que ignorábamos que fuésemos capaces de lograr. Y así alcanzamos el éxito que usted observa ahora..."

¡Cuantos empleados tienen una vaquita que les da seguridad!. Trabajan durante años dentro de la misma empresa, se quejan por los que les pagan y que sus ideas no son escuchadas y cuando uno les dice por que no intentas armar tu propio negocio…Responden… ““Y si no resulta?. Deja, prefiero seguir como hasta ahora, no pagan bien pero por lo menos no corro riesgos..” La vaquita proporciona los recursos básicos para vivir y una rutina que resulta familiar, pero al mismo tiempo roba la posibilidad de descubrir otras potencialidades y talentos para triunfar! ¿Por que ocurre esto? Simplemente por miedo al cambio. Son muchos los Emprendedores que por temor a lo que podrían perder, se siguen aferrando a estrategias que en el pasado fueron exitosas, pero que ahora se han transformado en “salvavidas de plomo”. Es lógico que cuando miran hacia delante solo vean incertidumbre, pero esto se resuelve cuando se tiene sueños que se convierten en una visión tan fuerte, que sirve como Norte.

Fuente: http://www.consultorapraxis.net/notas.php




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